enero 09, 2006

[PERS] Lucía y la mujer invisible

En su columna dominical de La Vanguardia, la escritora Lucía Etxebarria hablaba ayer sobre las mujeres invisibles: "una mujer que cumple los cincuenta años se convierte en la nueva heroína de la Marvel: La Mujer Invisible". El artículo concluye con una nota esperanzada que quiere inclinar la balanza hacia la parte positiva ("La soledad elegida es muy placentera").

El quid está, claro, en que sea precisamente eso, "elegida", y no impuesta por la invisibilidad. ¿Es el pago la alternativa a la soledad? A este dilema concreto se enfrenta Rosa, la dermatóloga en la cincuentena que se convierte en la clienta de Iván el gigoló y, por ende, en la protagonista de Un hombre de pago.

5 comentarios:

"SeNY" dijo...

La cafeína del hombre de pago.

Bocata o pincho (el del día) + lectura rápida de un rotativo de prensa general (el que libra en ese momento) + agua + café. Este es el cóctel vitamínico para arrancar la jornada laboral en unas mínimas condiciones. Hoy, pincho de tortilla con cebolla y El Periódico. Leo que una conocida actriz recomienda un lugar especial para perderse y leer con tranquilidad en pleno centro de Barcelona. Tomo nota.

La mañana ha sido dura, muy dura. Tras acabarse el mundo (esto ocurre un par de veces al año: en julio y diciembre) su "renacer" es especialmente virulento. Necesito un kit-kat. Como rápido: plato único + tarta Tatin (irrenunciable) pero pido, al entrar, que hoy sin café (?!).

Salgo del restaurante con la Tatin camino del estómago. Cojo un taxi y le recito la dirección preferida de la televisiva actriz. Me apeo y pago. Entro en el café vienés de un impresionante y modernista Hotel 5 Stars Gran Lujo Monumento, único en Barcelona. Elijo la mejor ubicación para poder saborear la excepcional belleza del lugar, casi abrumadora. Dudo, ya que todos los ángulos son buenos y están libres. Pido un Jamaica Blue Montain y me dispongo a girar la butaca los grados necesarios para obtener la mejor luz para la lectura de Un Hombre de Pago. Estoy en "una nube pasajera". Abro el libro por el punto donde lo dejé anoche y casualmente el capítulo arranca "sentados en la penumbra del bar del Hotel Majestic" y lo dejo media hora después en "habíamos quedado en el Arc, el café de siempre,...". De Café en Café y sentado en otro. ¿Sobredosis ? No, la cafeína me ha calmado. Me dispongo a pagar por la compra de mi tiempo. Satisfago 6,42 € por esa "nube pasajera-compartida" y obtengo de regalo un café + tres pastas cortesía del chef pastelero.

Todo "Lucía" a pesar que "las mujeres eran invisibles" (por no presentes, que no ausentes).

"SeNY".

P.D: El café vienés del Hotel Casa Fuster,
http://www.hotelcasafuster.com/cafeVienes.asp

Neus dijo...

SeNY,

al próximo café en Casa Fuster te invito yo - si me das alguna otra pista. ¿Aceptas el trato?

Un hombre de Pago-Pago dijo...

Pues quizás la única salida sea encontrar un buen Gigoló, si. Tengo una amiga que dice que empezó a notar la invisibilidad a los 35. Se dió cuenta cuando, sentada en una terraza de un café con unas amigas vió que ningún hombre menor de 50 las miraban a ellas. Tempus fugit.

Neus dijo...

Hombre de Pago-Pago,
Para tu amiga y sus amigas, una posible salida es, como comentas, un gigoló. Me gustaría, sin embargo, conocer la opinión masculina al respecto.

A lo bruto: ¿por qué no nos miráis cuando pasamos de 35? A ver si entre todos aprendemos algo...

Un hombre de Pago-Pago dijo...

La respuesta es fácil. A partir de los 35-40 años es cuando nosotros, los hombres, maduramos. Entonces nos damos cuenta de que hasta entonces hemos sido títeres de nuestra própia estupidez y que además, en nuestra juventud, fuisteis las chicas las que nos escogisteis como pareja, quizás pensando que ya estábamos maduros, o que maduraríamos bien. Pero no. Al madurar, pues, nos damos cuenta de que nunca hemos escogido nada, que hemos ido sólo a remolque y entonces explotamos y empezamos a escoger. También nos damos cuenta de que hemos envejecido, pero no lo queremos reconocer. Total, que nos miramos a las jovencitas como a un reflejo de lo que nos gustaria volver a ser, y entonces la escojemos a ellas.