mayo 02, 2006

[PENSAR] La conversación crece y crece

Lo he dicho siempre: escribí Un hombre de pago para hablar de cómo nos llevamos hoy los hombres y las mujeres, en especial al llegar a la edad de la invisibilidad.

Que Rosa, la protagonista "invisible" de la novela, opte por contratar a un gigoló ha puesto encima de la mesa el tema de la prostitucion masculina y los medios tradicionales se hacen eco de la novedad.

El pasado fin de semana Un hombre de pago apareció en El País, el Diario Vasco y la Nueva España de Asturias. Los tres artículos se centran en el mundo de los acompañantes para mujeres aunque tengo que reconocer que -a fuer de pesada- todos los periodistas incluyen en sus entrevistas el concepto de "invisibilidad".

Es cierto que lo que vende el el sexo. También es cierto que el perfil de la clienta es el gran enigma. De ahí mi papel como "escritora-medium": los periodistas me preguntan por las mujeres que pagan porque les es difícil hablar con ellas. Y les entiendo: yo tardé más de un año en dar con la Señora C. Pero lo que realmente me interesa es la invisibilidad.

Las razones para recurrir el sexo de pago pueden ser diversas, pero la de Rosa es una concreta: paga por una compañía que no consigue de otro modo. Si pudiera no pagar, no pagaría. Ahí está a mi entender el gran debate, el de cómo nos relacionamos hoy hombres y mujeres en un entorno cambiante. Todos (ellos y nosotras) estamos confusos: sería hora de irlo hablando.

6 comentarios:

Berlin Smith dijo...

Enhorabuena. Estás consiguiendo lo esencial en el mundo de hoy para vender un libro: que hablen de él.

Sobre tu interés en la invisibilidad y tu "queja" sobre la preponderancia del aspecto sexual de la novela (tampoco hay mucho, se sabe que lo hay) , si me lo permites, te diré que es un aspecto no desarrollado en el texto según tu ambición. Quiero decir que el escoger un estilo tan basado en el diálogo y la conducta no entras en la introspección de los personajes que es donde más fácilmente lo podías desarrollar. Por eso me parece normal que más allá del reclamo de la prostitución masculina (que eso da morbo, puede que porque todo hombre quiera - queramos - ser un gigoló y las mujeres se pregunten qué pasaría si) cueste tanto que salga la pérdida de interés visual y sensual de las mujeres como centro del tema. Estoy contigo en que tiene mucha más enjundia.

Neus dijo...

Berlin: peut être. La introspección remite a la esfera individual... e invisible. Quizás los personajes podrían haber actuado/hablado de forma más drástica para evidenciar su propia invisibilidad. A mí me parece que lo hacen pero yo no soy lectora de mi novela... porque la he escrito.

Me hace gracia que utilices la palabra "enjundia". Es una palabra importante para UHDP. Da para un post entero.

Berlin Smith dijo...

Pues nada, toda tuya.

Bueno, es mi lectura, la de mis ojos, cada uno nos hemos hecho un libro dentro. Yo tengo más curiosidad por los sentimientos de ellas, aunque está todo en primera persona, predomina la conversación. Pero claro, entonces debería haberlo escrito yo.

Fer dijo...

Ya sé que sonará a tópico, pero lo dijo Juan de Mairena hace mucho tiempo: el ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve. Es decir, ¿hablamos de invisibilidad o de ceguera? No creo que existan mujeres (u hombres) invisibles; existen hombres (o mujeres) ciegos.
Tampoco creo que exista "confusión", al menos en el caso de los hombres; ese es un término demasiado benévolo. Existe ignorancia y estupidez.
Por último, he de decir que no he leído la novela completa, pero lo lógico es que la introspección de los personajes salga a la luz precísamente a través de sus palabras y su conducta; es mucho más sugerente (y literario) ese recurso que el del narrador omnisciente que nos dice en cada momento qué es lo que pasa por la mente de cada cual.
Un saludo.

Neus dijo...

Fer,

la ceguera como contrapunto a la invisibilidad es un argumento muy poderoso... Da que pensar.

Berlin Smith dijo...

Bueno, toda novela tiene un narrador: el problema es elegir cuál. Un hombre está narrada en primera persona, pero de tres personas. Y... bueno, cada cual la ve o deja de verla como el filtro que lleva en su mente. A lo mejor me he explicado mal: a lo que me refiero es a que es poco intimista y eso no es un defecto, es una elección.